
Próximo capítulo: Yosemity bajo cero.

Próximo capítulo: Yosemity bajo cero.
Pasamos a la isla porque A) nos lo recomendó un chileno muy majo que conocimos en Torres del Paine y que nos volvimos a encontrar en Ushuaia y B) porque Ushuaia tampoco da para tanto: al final te aburres de los pingüinos y focas. El traslado se hace en una barcucha de casco semi-rígido que atraviesa el canal de Beagle dando unos botes de impresión, y empapando a todo el pasaje (7 personas) menos a los del centro (nosotros, jejeje…). Eso si, te cobran como si fuese un camarote de lujo en un crucero de Marsans.
Llegados allí, empezamos a hacer un bonito trekking de cuatro días que atraviesa la isla de norte a sur y luego vuelve por otros valles diferentes. Tan bonito y agradable nos resultó, que lo hicimos en menos de tres días, para liquidarlo cuanto antes y volver a Ushuaia a tomar mojitos en el Dublín. Y no es que el paisaje no fuera bonito. Pero es que la isla de Navarino tiene la particularidad de estar formada en un 33% de alta montaña, un 33% de bosque denso y lleno de árboles caídos, y un 33% de ciénagas (aquí les llaman turberas, que queda más… “turístico”) con trillones de mosquitos trompeteros. Y claro, cuando no hay un camino abierto… estos dos últimos terrenos resultan un coñazo!
Además, los cabrones de los castores se dedican a hacer presas por todos lados, como si no hubiera ya bastantes zonas inundadas!
Eso si, vimos el cabo de Hornos a “solo”
Y para colmo, me intentó violar un perro con las hormonas descarriadas...
Moraleja: si queréis putear a algún amigo montañero que os caiga mal, aconsejarle el trekking de los dientes de Navarino.
Ah!!! Os presento a “Bolillo”! Nuestro mejor encuentro en Navarino.
Si, ya lo se, voy fatal afeitado. En realidad, me estoy dejando barba, solo que va despaaaacio; todo empezó en el Aconcagua, por pura imposibilidad de afeitarme; pero resulta que este hábito cuadra estupendamente con mi naturaleza “relajada”.

También vimos una ballena extraviada por el canal de Beagle, pero… hay! No me dio tiempo a sacarle una foto.
Y luego los pingüinillos… ¡me he enamorao! Son una pasada… nos pasamos la excursión luchando con la tentación de coger uno y esconderlo en la mochila para llevárnoslo. Y las crías… así, recubiertas de pelusilla suave… son como peluches!
Del resto de días en Ushuaia… poca cosa interesante. Nos ha dado una especie de “vagancia austral” que nos hace dormir hasta las doce. Y tampoco ayudan los mojitos que ponen en el Dublín (el pub irlandés que no falta ni en el culo del mundo).
Bueno… se puede mencionar como evento destacable que Carmen se hizo la manicura, la pedicura y además se dio un masaje (como viven algunos…)












